Tu tercera vez... ¿qué me ves? La vida me ha enseñado que todos tenemos nalgas y mocos... Ojalá y todo fuera tan sencillo como ser mujer, solo tendrías que preocuparte por cosas sin importancia; “¿y si mi mamá se entera?, ¿que opinará de mis calzones, serán anticuados, creerá que son muy atrevidos?, hay... ¿y si huelo feo?, ¿querrá una gata salvaje y arañadora o preferirá una mansa y sumisa cachorrita?, ¿y si me quedo dormida y ronco?, ¡hay babosa, quítate esos calzones de figuritas, no ves que puede pensar que eres una escuincla inmadura!, ¿me depilo o no me depilo?, ¿y si piensa que estoy muy peluda?. En fin, podríamos tomarnos las cosas más a la ligera porque luego de dos intentos fallidos, tres visitas al sicoanalista, un dineral en reuniones urgentes para exigir el solidario apoyo de los amigos y sus consejos, veinte disculpas, diez días de insomnio y vueltas en la cama, cuatro autoservicios, dos mendigas ojeras que ya parecen cachetes, tres aburridísimas idas al cine... solo... un sin fin de posibles caminos que lleven al suicidio o a la transexualidad, miles de horas de vuelo en internet por foros de mujeres cyber-sucias, homo-chamanes (o sea, chamanes putos), lesbianas inconformes, parejas que intercambian a sus cónyuges, consejos para chavos y un sin fin de cosas más, te encuentras nuevamente ahí, donde tanto has anhelado, donde tanto te aterra volver a fallar, donde tantas historias envidiables y tantos mitos te invitan a estar, con cara de obligado, una mano en el mentón, otra en la cintura, una mujer desnuda frente a ti y al mirar hacia abajo descubres con entera sorpresa que tu también estás desnudo, ¡no mames!, ¡esto no puede ser!, ¡estoy en pelotas, en traje de adán, como el doctor me trajo al mundo!, ¡ahhhhhhh!, pero conservas la calma, respiras como te dijo el chicarcas (un brother bien ponedor, dicen las malas lenguas que sus chavas hasta le pagan por sus tremendos servicios), cierras los ojos, vacías tu mente, abres los ojos nuevamente y te encuentras con su cara de reclamo, así como guarache con agujero, no dice nada pero sabes de antemano que te estas tardando, peor aún, se esta tardando este maldito cara de haba, patán, desvergonzado, ¡no lo pienses más!, ¡vamos! Tomas vuelito, te avientas a la cama, de un solo tirón levantas las sábanas, la miras con ojos agresivos, como diciéndole “vienes o te rajas mamita” sin dejar de repetirte mentalmente “soy un animal, soy un animal, soy una bestia, un sex machin, soy la leona dormida que después de un sobresalto ansía carne, soy totalmente falacio de hierro”. Y de pronto, madres, que se mete bajo las sábanas con cara de traviesa, ah verdad... no que muy sácale punta, ¡tómala barbón!, ¡tome chango su banana!, ¡toma chocolate y paga lo que debes! Sientes más o menos lo que sienten los señores cuarentones cuando van al proctólogo pero a la octava potencia (o al menos eso es lo que imagino que se siente), escuchas su voz cuando te dice, “¿te vas a quedar ahí toda la tarde?, ven, que aunque te muerda no te como, por lo menos no todo...” u-tamales, esto si, ya no lo soporto, como que amenazas a mi... “ahí te voy, mendiga ensabanada, agarrate fuerte por que hasta espuma me esta saliendo de la trompa” y ahí vas con todo, que lucha libre ni que la tostada, entre risas y gritos de broma, persecuciones, manotazos, besos furtivos, mordidas y demás quehaceres camales, poco a poco todo comienza a tomar cierta forma y matiz de ritual, sabes bien que es lo que pasa, lo que sigue, sabes cuando atacar y cuando permitir ser atacado, sabes perfectamente que palabras usar, donde meter los silencios, cuando prolongar una caricia y donde poner punto final a tus embates. Lentamente levantas la mirada, la ves a los ojos y la abrazas fuertemente, le besas el cuello, la mejilla, la oreja, te regresas a mirarla y te encuentras más que con una sonrisa, con una mueca, “que pasó” le preguntas, “nada” responde ella y se hace a un lado dándote la espalda, piensas que algo anda mal, le insistes pero la respuesta es la misma “nada”, nada mangos que, ahora mismo me dices que sucede contigo, se supone que en confianza nos basamos, ja, y seguro de ti mismo te aferras exigiendo una respuesta, porque demonios no puede uno simplemente cerrar la boca y esperar?, ¿por qué tiene uno que ser tan terco?, ah no, dime, creo que merezco saberlo, cuéntame que sucede contigo y bla bla bla... harta de tu maldita insistencia, ella levanta la mirada, te ve como que no viéndote y así, sin más ni más te la deja calletano: Pues... considerando que somos casi nuevos en las cosas del amor, podrías tomar en cuenta que no solo tu deberías disfrutar de estos momentos ¿no? Podrías ser un tanto menos animal y procurar pasar más tiempo conmigo que contigo. ¡Que! Cómo que más tiempo con ella, si acabo de invertir... no, no puede ser, me cae que de haberlo sabido, me meto de monje al convento de la colonia, me encierro y me voto a la... castidad y el reniegue de los placeres carnales, tarado –te repites mentalmente- ahí estás, cabizbajo y resignado a no llegar por nunca jamás al momento deseado. Mira que he visto a mi hermanito hacer cosas más productivas en menos de cinco minutos –te dice ella, con cara de extrema molestia- puedes llevarme a casa por favor, pero... tómate un poco más de tiempo para eso, ¿crees poder? Oh humillación, trágame cama y después tierra. Desconcierto tres, humillación uno, orgasmo previo... antonio andrade |