Llovió seis días con sus seis noches
Llovió acá en el valle, llovió hacia el mar, llovió en los plantíos de papaya y dicen que hasta en la ciudad llovió, no me imagino cómo debe ser la lluvia allá donde hay cemento en el piso que no deja que el agua se chupe.
Lo peor es que llovió arriba en el cerro, y de allá se viene siempre el agua.
Esta vez se vino con harta rabia, por las laderas hasta que llegó al río.
Y ya en el río se llevó palos y piedras
Arena y tierra
Los papayos questaban más repegados se los llevó, yo le dije a Natividad que nos los plantara tan empechados con el río, por eso se los llevó
Se llevó el puente chico, y dos pilares del puente grande que hay pasandito El Chivo
Se llevó la mitad del camino hacía La Paciega
También iba llevándose los becerros tontos que no se subieron en alturas cuando comenzó a llover
Y a una hora de la noche que nadie supo se llevó a Delfinita, la hija que le quedó a Lucio cuando su mujer se murió de un vahído hace nueve años.
Dice mi mamá que se llevó el alma de Lucio también, que no dejó de llorar mientras que con todos los hombres buscaba en las márgenes del río y los bancos de arena el cuerpecito morado y frío de su Delfinita.
Gracias a Dios que nunca apareció. Yo solo he visto un muerto en mi vida y me dejó con susto por muchos meses, una niñita muerta ha de ser cosa muy triste. Dicen todos que seguro el agua se la llevo más allá, al mar.
No se llevó ni una camisa ni una manga por si seguía lloviendo, se subió a su caballo, y sin despedirse de naiden se fue al paso por los caminos que parecían ríos.
Dicen que al paso del caballo se podía ver como seguía llorando sobre el agua del camino.
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