Con la complicidad a la que nos ha llevado la amistad y el exceso de tiempo libre, aquí les dejo otra historia a cuatro manos. La primera parte (y la fotografía de la que nace esto) es autoría de Pablo Pérez , la segunda es de la pluma de este Misterioso Comehigos... (da click en la foto si la quieres ver a detalle)
 

 

Llovió seis días con sus seis noches

Llovió acá en el valle, llovió hacia el mar, llovió en los plantíos de papaya y dicen que hasta en la ciudad llovió, no me imagino cómo debe ser la lluvia allá donde hay cemento en el piso que no deja que el agua se chupe.

Lo peor es que llovió arriba en el cerro, y de allá se viene siempre el agua.

Esta vez se vino con harta rabia, por las laderas hasta que llegó al río.

Y ya en el río se llevó palos y piedras

Arena y tierra

Los papayos questaban más repegados se los llevó, yo le dije a Natividad que nos los plantara tan empechados con el río, por eso se los llevó

Se llevó el puente chico, y dos pilares del puente grande que hay pasandito El Chivo

Se llevó la mitad del camino hacía La Paciega

También iba llevándose los becerros tontos que no se subieron en alturas cuando comenzó a llover

Y a una hora de la noche que nadie supo se llevó a Delfinita, la hija que le quedó a Lucio cuando su mujer se murió de un vahído hace nueve años.

Dice mi mamá que se llevó el alma de Lucio también, que no dejó de llorar mientras que con todos los hombres buscaba en las márgenes del río y los bancos de arena el cuerpecito morado y frío de su Delfinita.

Gracias a Dios que nunca apareció. Yo solo he visto un muerto en mi vida y me dejó con susto por muchos meses, una niñita muerta ha de ser cosa muy triste. Dicen todos que seguro el agua se la llevo más allá, al mar.

No se llevó ni una camisa ni una manga por si seguía lloviendo, se subió a su caballo, y sin despedirse de naiden se fue al paso por los caminos que parecían ríos.

Dicen que al paso del caballo se podía ver como seguía llorando sobre el agua del camino.

 

 

 

Son ya años los que hemos estado visitando a esta gente. Cuando te conocí en la facultad estabas tan interesada en ayudar que contagiabas. Yo no tenía mucho ánimo para viajar ocho horas para enlodarme y mal dormir, pero siguiendo tus sueños - y tus caderas- empecé a salir a las comunidades.

Los primeros viajes fueron toda una aventura, me aferraba a tus ideas, sentíamos que nuestra presencia era decisiva, que nuestras manos eran útiles y que nuestro amor no era un amor egoísta que se quedaba entre nosotros. Eramos una pareja como la del poema de Benedetti que me leíste hasta el cansancio, una pareja que no estaba sola, que. ..en la calle codo a codo somos mucho más que dos…

Pero eso fue en los primeros años. Luego vinieron los problemas, la falta de recursos para seguir viajando, a nosotros no nos ayudaba nadie. Perdimos el norte, ahora nos estorbábamos y nunca era el momento justo para decir “basta”. Siempre había una visita pendiente, un cargamento que llevar, algunos compañeros que recibir.

Y ahora esto, venir peleando como es costumbre desde hace meses, gritar porque no tenemos otra cosa que decirnos. Porque no podemos hacer nada, porque estás embarazada y necia con seguir viajando. No tenemos nada más que darnos, nunca construimos nada. Ahora viene un tercero y va a nacer a media sierra, sin atenciones para ti, sin atenciones para el niño, será como nacer en un lote baldío. Están equivocados nuestros amigos, esto no nos une, nos ata.

El tipo del caballo nos deja mudos. El también va mudo, llora en silencio y ni siquiera devuelve el saludo que le ofreces cuando pasa a nuestro lado. Alistas tu cámara y lo tomas de espaldas mientras se aleja. Continuamos peleando hasta la comunidad dónde ya nos esperaban.

Por este mismo camino pasamos hace algunos años cuando tú y yo llevábamos el mismo rumbo. En aquella ocasión estaba seco; Seco polvo en la garganta, seco laterales ocres, seco luz extinguiéndose. Quizá nuestros males nos los contagió el camino. Quizá esa tarde también se secó nuestro futuro y lo mezcló con la tierra que hasta hoy revolvieron las aguas. Quizá.